miércoles, 25 de septiembre de 2013

Nuevo? Antiguo?

Año nuevo vida nueva, o eso dicen.
Así que bueno que menos que lavarnos la cara un poquito y emprender con ganas el nuevo curso, y para ello que mejor que un nuevo look y ganas de continuarlo?
Espero que siga todo tan genial como el año pasado y
Suerte :)

miércoles, 12 de junio de 2013

La política Hobbes y Rousseau (opinión personal)

Desde mi punto de vista, creo que Hobbes tiene mucha razón, y aunque en ocasiones parezca un tanto pesimista, pienso que los hombres tienen un gran instinto de supervivencia y de dominio a los demás. Yo sinceramente pienso, que es ese primer instinto de supervivencia el que crea al segundo, ya que si dominas a los demás tienes más posibilidades de salir mejor parado., por el contrario si eres inferior serás perjudicado por el que manda. Sin embargo, en este aspecto, Rousseau también tiene gran parte de razón al decir que la propiedad privada nos corrompe a causa de que no hay suficiente para todos, y eso causa la guerra. Pero por otro lado, el ideal que este propone, es decir el estado de naturaleza, creo que no funcionaría, ya que por lo que he dicho anteriormente creo que llegaría alguien deseando ser el más poderoso y los problemas planteados por Hobbes comenzarían.

Está claro que como solución y un poco como consecuencia aparece el estado, porque en caso contrario jamás se hubiera inventado y como dicen ambos filósofos es un contrato social decidido por todos. Sin embargo, cada uno tiene una visión muy diferente de lo que Estado significa, o más bien de lo que hace. En este caso estaría más de parte de Rousseau cuando dice que le estado debe solo gestionar y proteger la propiedad privada pero que no se queda con el poder que con la idea de Hobbes el cual le delega el poder a una sola persona. Sinceramente creo que en ese caso al cabo de un tiempo acabaría el pacto ya que ese instinto de supervivencia (como he explicado anteriormente) no podría soportarlo tal cual.

En conclusión, creo que los hombres por naturaleza tienen la necesidad y el instinto de sobrevivir y de hacerlo con la máxima calidad posible, por ello, todo lo que puede hacer que esto peligre es motivo de guerra para dominarlo o eliminarlo lo que conlleva a crear una necesidad por superar al resto. Como esto es imposible, se decide hacer el estado que gestiona los recursos de manera que la mayoría sobrevivan del mejor modo. Aunque claro.. ese instinto sigue presente y los que tienen mayor capacidad de cambiar las cosas pues las hacen en su beneficio por lo que la práctica no resulta igual que la teoría.

Así sería como Hobbes entiende el estado.




viernes, 7 de junio de 2013

El placer de sentir la nada

Hay ocasiones en las que te pasan cosas y no te paras a pensar en que emoción, que sensación te producen, y mucho menos cuando tampoco quieres que te emitan ningún sentimiento. Sin embargo, hay ciertos momentos en los que te tienes que parar a pensar y te preguntan qué es lo que te gusta, y no sabes, no sabes que es lo que te gusta. Yo desde siempre he pensado que los sentimientos malos son en cierta parte los mejores. Por un lado, creo que para los poetas y para escribir son los que te dotan de mayor inspiración, pienso que en el fondo es un poco una pena, pero (al menos para mí) me resulta mucho mas sencillo describir algo malo como el miedo, la tristeza, que por ejemplo describir que es la alegría. Eso que me pierdo, pero creo que cuando estas bien lo disfrutas sea como sea, mientras que si estas mal y te pones a pensar en lo que sientes, en como te encuentras e intentas plasmarlo en un papel, en letras, palabras o dibujos, es como que en cierta parte se evapora, se difumina, y al ver tu trabajo y lo bien que te ha quedado, una pequeña sonrisa crece en tu interior. Por ello es por lo que creo que sé más cosas que no me gustan que las que me gustan en sí, pero sin embargo este trabajo tenía que ser de cosas que te gustan mucho mucho, cosas que en cierta manera te crean placer, y en ese momento me bloqueé.

Estaba bloqueada no sabía que hacer y me empezaba a encontrar mal y triste, por lo que escribí una entrada para mí, solo para mí y para nadie más, solo quería que fuese esa inspiración para escribir y que esa felicidad interna naciese al acabarla, y en el fondo así fue. Después se la dejé leer a unas
cuantas personas que en el fondo son como parte de mí, tienen algo que no todos tienen y al poseer mi confianza pensé que debían leerlo. Y tras eso metafóricamente la quemé. Así que ya con esa sonrisa por un trabajo bien hecho me encaminé a buscar que es lo que realmente me gusta hacer. Pensaba y pensaba y había muchas actividades que me gustan, pero ninguna me convencía lo suficiente como para escribir una entrada de placer, eran tales como dibujar, escribir, nadar, leer... Así que por un momento pensé que no había nada en este mundo que me gustase tanto como para escribir una entrada de ello, pero esa cosa que tiene la casualidad de aparecer en los momentos más oportunos hizo su efecto.

El otro día vi un puzzle en una tienda y era perfecto para mi cuarto así que me lo compré, lo abrí y empecé a montarlo. Al igual que he hecho siempre con todos mis puzzles, primero busco los bordes, esas piezas que tienen un lado sin saliente ni hueco, las separo del resto, y las monto. Una tras una y poquito a poco, una vez hecho el marco empiezo a separar por colores, y otra vez, con paciencia los voy uniendo. Cuando me equivoco no encajan, pero una parte de mí dice que tienen que ir juntas, sin embargo descubro que hay otra ficha casi igual, que al colocarla, como si fuesen imanes de polos opuestos se juntan y sé que jamás las deberé separar. En definitiva, me puedo llevar un buen rato, por no decir muchas muchas horas entretenida buscando, mirando, comprobando y colocando las miles de piezas que tiene ese nuevo acertijo. Sin duda, uno de esos días, mientras pensaba colocando piezas en su orden correcto, supe que es lo que más me gusta de este mundo y que es lo que en cierta manera me da placer.

Puede parecer un tanto raro, diferente, de loca y millones de cosas, pero sin duda si es así será porque yo soy un poco rara diferente y loca, y no me importa porque mientras yo lo disfrute que los demás se aguanten. Pero sí, estrujarme la cabeza es lo que me encanta, en lo que derrocharía toda mi vida, en pensar. Sin duda cuando no tengo nada que hacer me amargo, no puedo ver pasar las horas sin hacer algo "productivo", necesito que mi cabeza dé vueltas, que tenga algo en lo que pensar, que esté funcionando hasta que me salga humo por las orejas. Me encanta. Es sin duda una sensación que me da seguridad y me siento que sirvo para algo, que he hecho algo, ya sea cualquier cosa menos mirar al techo y no funcionar. Descubrí que dibujo, leo, escribo o incluso hago un puzzle para que mi mente pueda hacer algo, esté funcionando, estrujándose cual mandarina en un exprimidor, y sin duda es lo mejor, y más aún cuando ya me siento tan saturada, cuando tengo esa sensación de que si me dicen de sumar dos más dos voy a decir cinco y entonces solo puedo desahogarme saturando mi cuerpo de ejercicio. No me sirve dejarlo todo y no hacer nada, porque en el fondo odio no tener nada que hacer, es como no servir, y decido ir a nadar, a cansar mi cuerpo al igual que mi mente y llega el momento de mayor placer cuando estoy esforzándome al máximo, con la cabeza saturada de sumas, restas, multiplicaciones, letras, palabras, actos, momentos del día, de todo, cuando siento que mi cabeza va a explotar y mientras, yo, nado y nado, y llega un momento, el mejor momento, en el que mi cabeza, sin saber exactamente el porqué se vacía.

No es un vacío de inutilidad, no, es como que ya no puede pensar más y se reinicia y me encuentro todo vacío, cansado de estar al límite, pero vacío, es como si estuviese dado de sí, por lo que es más grande pero ausente de todo, y sin duda en ese instante siento que puedo con todo, que nada importa, siento la misma sonrisa interna que cuando tengo mi trabajo bien hecho, es placer, felicidad. Yo lo llamo el placer de estar completamente saturado, porque estás en un estado de cansancio de mente y de cuerpo y esa mezcla en ese orden renueva, te da poder, fuerza y valentía, te lo da todo y de manera sencilla, por lo que me encanta. Me encanta cargar mi mente de cosas y llevármelas a la piscina, para nadar y dejarlas disueltas en el agua. Me encanta llevarme miles de problemas, preocupaciones porque cuando estoy saturada mentalmente y me auto-saturo físicamente puedo notar la nada, el vacío, como si me encontrara en el espacio flotando sin gravedad en mitad de la oscuridad de las galaxias, y sin duda de eso es de lo que más disfruto, y sin duda eso sí que se merecía esta entrada.  




domingo, 26 de mayo de 2013

Clase callejera; En busca de un país en el que el beneficio es para todos.

En España como en la mayoría de los países, la democracia está instituida desde hace tiempo. Sin embargo, quizás los resultados prácticos no son tan perfectos como deberían. Estos últimos años en España estamos sufriendo una crisis iniciada por la corrupción de los altos cargos a los que le delegamos el poder y tal y como está planteada nuestra democracia el pueblo no podemos hacer nada que sirva al respecto.
Para comparar y contrastar nos centramos en la política democrática de Suiza, un país que no vive en crisis y que al parecer mantiene una democracia mucho más participativa que la nuestra.

El primer aspecto que nos llama mucho la atención es el concepto que tienen de política. Para el 95% de los que se dedican a ello no es más que un simple hobbie, es decir que a parte de ser concejal o político de bajo cargo tienen su propia profesión con la que se ganan la vida. Tan solo aquellos altos cargos así como ministros pueden ganarse la vida de la política, para el resto más que una profesión es una vocación.

Otro aspecto que denota por su diferencia es la incapacidad de planear ser presidente por es mero hecho de llevarte bien con ciertos cargos de tu partido. Es decir, en Suiza a la hora de votar no se vota a un partido sino a las personas que quieres que sean tus representantes. Eso se llama listas abiertas, y en ellas tachas a los políticos que no quieres e introduces los nombres de aquellos que quieres que salgan, de ese modo puedes votar a la gente que crees que mejor te va a representar aunque sean de partidos totalmente diferentes. De ese modo se obtiene una política “a la carta” y no a modo de “menú”.

Pero a pesar de todo, esto no va mucho más allá de lo que tenemos aquí donde se vota y el pueblo pasa
a ser un clínex que se tira y no se le hace caso. Por el contrario, en Suiza, los ciudadanos continuamente pueden participar en las decisiones que se toman de manera que si sale una ley que no se quiere, se pueden recoger un numero de firmas y se organiza un referéndum, donde se vota con un sí o un no a lo planteado. Ya con el solo hecho de que se pueda hacer un referéndum, los políticos intentan reformar la laye de manera que sea lo más aceptada por la gente. Así que aunque parezca extraño, los partidos de derechas e izquierdas cooperan continuamente por el bien de todo el mundo y no solo por el de su bolsillo. De este modo se consigue que aunque a veces se cometan equivocaciones el pueblo las tomo también como fallos propios y no fallos que han hecho aquellos a los que les han tenido que delegar el poder.
 
Sin embargo, no sería tan sencillo pasar eso tal y como es en suiza a aquí ya que muchos saldrían perjudicados y además de todo ese sistema también puede ocasionar ciertas anomalías como:

~ La influencia del pueblo con fines de beneficios no colectivos.
~ El perjuicio de las minorías.
~ Y el problema de las listas abiertas es que solo aquellos políticos con amplio acceso a la comunicación pueden darse a conocer a los ciudadanos, por lo que es imposible saber cuales de todos los políticos son los que mejor pueden representarte, por lo que en zonas más reducidas como alcaldías o en todo caso como comunidades autónomas es más sencillo, pero la expansión de España hace que sea muy complicado y poco resolutivo lo de las listas abiertas

Pero a pesar de que nuestra democracia no es tan participativa, el problema que tenemos actualmente va más allá de la forma de votar y de los referéndums. Nuestro problema ha llegado a un límite de casi ninguna solución, ya que a la constitución, que es lo más importante que tenemos, no se le hace ni caso, se violan sus reglas continuamente y es más un adorno que un documento importante. España desde hace muchos años lleva dividida en dos bandos y ese es el primer problema de todo, que cuando un bando hace algo, el otro lo deshace y es una continua lucha entre unos y otros sin buscar el beneficio de todos. Y eso ocurre ya que tal como está todo ahora mismo la economía es la que manda y si se hace algo para cambiar las tornas alguien va a salir perjudicado y como los que saldrían perjudicados son los que deciden si se cambian las cosas o no, pues todo sigue siempre igual.
El pueblo en muchas ocasiones se enfada con razón y hace huelgas, pero desgraciadamente esto no sirve de nada, tan solo para que el gobierno se ahorre el sueldo de unos cuantos que faltaron al trabajo esos días. 

Los políticos hacen oídos sordos al pueblo, ya que al tener ellos el poder pueden hacer lo que se les apetezca y en muchas ocasiones en vez de representar al pueblo lo mal representan. Eso lo único que
causa es un habiente de violencia causado por la injusticia y por la sensación de tener que acarrear con las consecuencias de actos que han hecho otros. La única y posible solución que se podría plantear sería hacer una reforma fiscal otorgando más dinero a educación y sanidad, el problema es que actualmente España esta llena de dinero negro y como consecuencia los impuestos no se pagan como se debería. El más rico paga menos ya que la mayoría de sus bienes los tiene debajo de la almohada y en cambo el pobre y honrado trabajador de a pie que declara todo en hacienda es el que paga lo que otros debería hacer.

Hemos llegado a una situación en la que la única solución es sacar todos los trapos sucios que hay guardados, y cambiar completamente la mentalidad que ya tenemos bien colocada de la ley del mínimo esfuerzo y del dinero que crece de los árboles, porque realmente no hay una maquinita que hace dinero infinito para que todos seamos ricos, sino que se requiere esfuerzo y levantarse del sofá, dejar el
fútbol, el sálvame, las telenovelas, y todas esas cosas que nos pegan al televisor. Hay que levantarse y luchar por el bien común por el beneficio de todos aunque sea menor que el que consigues si solo luchas por el de tu ombligo. Porque si seguimos sentado en el sofá pasando de de todo, la pasividad del ciudadano se convierte en la pasividad del conjunto, y eso es lo que nos pasa, que nos hemos vuelto un país que queremos conseguir dinero con el simple hecho de mantenernos sentados en el sofá comiendo pipas y mirando programas de deportes y cotilleos.


domingo, 3 de marzo de 2013

¿Qué fue antes el huevo o la gallina?

Esta duda envuelve a todo ser humano a lo largo de su vida, pero no esta esencialmente, sino esta misma plasmada en el ámbito cerebro-mente.
¿Qué tiene mayor influencia la mente sobre el cerebro o al contrario?
Durante miles de años, desde antes del inicio de nuestro calendario hacia delante, es decir, desde los años a los que se le suma el típico "antes de Cristo", desde aquellos momentos, en Grecia, mucho antes, los chamanes tibetanos, en el centro de Asia, ya se planteaban esta duda, la duda de qué es lo que nos diferencia, y si somos un todo o cierta parte de nosotros se aleja del mundo real. . .
Todas estas teorías forman una corriente filosófica, el Puritanismo, que aseguraba la importancia del alma frente al cuerpo. De esta manera surge el dualismo, que frente a la pregunta antes planteada, claramente y sin duda alguna aseguraría que la mente (el alma) es primero y más importante que el cerebro (cuerpo). Aparece también el monismo que dice que ambos cerebro y mente son lo mismo por lo que le dan mayor importancia al cerebro que a la mente, ya que aseguran que lo segundo se debe totalmente a conexiones y actividad del cerebro. Por lo tanto fijándonos en ambas corrientes lo único que podemos de deducir es que no hay solución a esta paradoja o decantarnos por alguna. . .

Yo sinceramente pienso que no solo somos cerebro, aunque a veces hay ciertas cosas que hacen parecer que todo se limita a eso, pero aún así, soy incapaz de pensar que todo lo que pienso, hago, decido, y siento se basa en un intercambio de electricidad y productos químicos entre neuronas.
Creo que tanto mente como cerebro son dos cosas muy relacionadas entre sí, que se influyen mutuamente pero que no son lo mismo, no creo que se puedan reducir una en la otra. Por una parte se sabe que el cerebro afecta a la mente en el sentido de que si, por ejemplo, se consumen drogas, estas bloquean ciertas actividades cerebrales que posteriormente influyen en el pensamiento.
Sin embargo, la mente influye más de lo que creemos en nuestra vida, y en el moldeado del cerebro. Aunque no lo creamos somos capaces de controlarnos, y de manejar ciertas situaciones guiándolas de la manera que mejor nos convenga. Pero requiere cierta práctica.

Confío mucho en la capacidad de autoconvicción y que es un factor fundamental para poder controlar ciertas cosas del cerebro. Además me gusta experimentar conmigo misma y observar la capacidad que tengo para poder convencerme de algo que sé que es falso. Los momentos de aburrimiento son los mejores para practicar y matar el tiempo de ese modo resulta (al menos para mi gusto) divertido.
Empecé hace ya un tiempo, me imagino que fue en una tarde de aburrimiento, y lo más seguro que de verano. Odio el calor. Sé que fue esa prueba que me hice a mí misma, autoconvencerme de que no hacía calor, de que estaba a gusto, e incluso que ciertas brisas de aire frío recorrían mi habitación. Sería mentira decir que fue fácil, no lo fue, necesité ayudarme generando escalofríos que recorrieran mi cuerpo, recordar esa sensación de frescor que eriza los pequeños pelitos del brazo y concentrarme en sentirla a pesar de estar rodeada de una temperatura superior a los treinta grados centígrados.
Poco a poco, con paciencia y sobretodo con práctica se consigue. En ningún momento he dicho que la sensación de calor se iba completamente, pero sí pasé de tener un calor insoportable a sentirme a gusto y sin demasiado sofoco. Esto también me sirvió para el frío del invierno al que ya fácilmente (debido a la práctica) controlé y ahora soy "inmune" en cierta manera a sentirme incómoda debido al frío o al calor.

Quizás estoy loca, quizás es solo una imaginación, o quizás realmente funciona, pero me da igual cual de las tres es la verdadera, lo que sé es que convenciéndome a mi misma soy capaz de soportar el frío y el calor, mientras que otros tienen que taparse con millones de mantas en invierno o bañarse en hielo en el verano. Por ahora me funciona con la temperatura y con más cosas, con el estado de ánimo, alguna vez lo he conseguido con el dolor, y creo que con la debida práctica con todo.

Si tuviese que dar una respuesta a la pregunta diría que ambas son a la vez, es decir, que la mente y el cerebro tienen exactamente LA MISMA capacidad de influir una sobre la otra y que ambas se complementan formando un circulo vicioso de nunca acabar: el cerebro afecta a la mente, que a su vez controla al cerebro que este cambia la mente. . . y así gira uno en torno a otro. Sin embargo no tenemos la mente suficientemente desarrollada para actuar sobre el cerebro, pero con la debida práctica pienso que se puede conseguir, y eso explicaría que la mayoría de las veces sea el cerebro el que dicte el comportamiento.

Como ya he mencionado anteriormente, pienso que son dos y no solo cerebro, ya que me parece un tanto ilógico pensar que el cerebro y ciertas sustancias que segrega él mismo se prueben a sí mismo para saber si puede ser modificado creando otras sustancias que lo modifiquen que se den cuenta de que ha sido cambiado y un lío tremendo que no sé exactamente como explicar. Por lo que creo que hay dos cosas que trabajan a la par y que si una no existe la otra tampoco puede funcionar.

De ese modo si no hay cerebro no puede vivir la mente y si no hay mente el cerebro no vive. 

domingo, 24 de febrero de 2013

Experiencia.

Dicen que somos libres, que no nos esclaviza nada, podemos llevar la vida que queramos y hacer lo que sea. Se escucha por todos lados: LIBERTAD de expresión, LIBERTAD de opinión, LIBERTAD para todos. Pero hay momentos, pequeños detalles, que muestran lo esclavos que somos, esclavos de nuestra vida, esclavos de otros, pero aún así seguimos diciendo, orgullosos, que somos libres, un país libre y sin esclavos. ¿Pero es eso cierto?

Hoy vengo, después de esta experiencia a contaros, a demostraros, que no somos tan libres como creemos. . . Somos esclavos de cosas que no nos parecen importantes, pero sin embargo son las que más nos esclavizan cada día. Gracias a este experimento al que me he sometido, he aprendido que todos somos esclavos, ESCLAVOS DE LA HORA.

Que un simple reloj nos esclavice demuestra el ingenio de nuestra razón: construir un aparato que nos vaya a esclavizar para el resto de nuestros días. Suena un poco irónico que unas simples manecillas marquen lo que debemos hacer en cada momento, pero sin embargo así lo hacen.
Para llevar a cabo este experimento decidí estar todo un día sin reloj, pero no solo eso sino que no podría saber la hora exacta en cada momento.
Pensé que iba a ser sencillo, que bah! que la hora no era tan importante, pero no pasó ni un minuto desde que me habían entregado mi experiencia (ni siquiera había comenzado a someterme al experimento) miré mi reloj.

Además me acuerdo, ese día llevaba mi reloj rosa, marca Marea, situado en mi muñeca izquierda, perfecto para poder observarlo aunque estuviese escribiendo (soy diestra), se sujetaba perfectamente a mi muñeca, vistiéndola, no se caía si movía el brazo, pero tampoco me apretaba. Perfecto, con sus manecillas que marcaban la hora, el minuto y acompasadamente sonaban los segundo en un tic tac continuo y sin pausa.

A pesar de tener que abandonar y engañar a mi reloj por un día, decidí someterme a la prueba. El martes 19 de febrero de 2013 decidí aguantar una mañana entera (porque el día completo lo lo logré, a parte tenía clases de inglés y para estudiar necesitaba saber la hora), sin saber el momento exacto en el que vivía. Tan solo podía orientarme por los timbres del instituto, cosa que ya me parecía demasiado, pero pronto comprobaría que no eran suficientes.

Ese día me levanté y rompí mi propósito, tuve que mirar el despertador al levantarme, y como mi casa parce una relojería (hay relojes marcando la hora por todos lados) miré la hora tres veces en el transcurso de media hora.. que es lo que tardé desde que me levanté hasta que me marché a clase.

Cuando ya salí de mi casa, con mi muñeca desnuda, sin protección, abandonada de ningún complemento útil de tiempo, ya no sabía que hora era, sabía que debían ser entre las 8:15 y las 8:30 de la mañana pero ese cuarto de hora de diferencia me hacía estar inquieta, no saber si iba a llegar temprano a clase o me iba a encontrar con que allí no había nadie. . . Pero corrí ese riesgo.

Llegué al instituto y efectivamente no llegué a la hora de siempre, bueno, en el momento de siempre, no sé a que hora llegué (ya que en eso consiste la prueba), pero era mucho más temprano de lo habitual. Estuve esperando hasta que empezó a llegar gente y tiempo más tarde sonó el timbre y supe la hora: 8:30
Al ser martes teníamos educación física donde estuvimos dos horas bailando chachachá como unos profesionales (bueno quizás no tan profesionales), y tan solo eché en falta mi maravilloso reloj dos veces cuando ya me encontraba algo cansada. Sonó el timbre anunciando el recreo y volví a saber la hora: 10:30
Cada vez que el maldito timbre sonaba me sentía libre, feliz, pero aún así echaba de menos ver los números y las manecillas colocados en mi muñeca. Pronto llegó la tercera hora, francés, y bueno que contaros, estuvimos dando clase, haciendo ejercicios y mi muñeca me pedía que la observase, pero yo (telepáticamente, no creáis que estoy loca ni mucho menos) le decía que no me servía de nada observarla, que no me iba a dar ninguna información y que no merecía la pena. . .

Bueno, pues así siguió transcurriendo el tiempo, pasó la clase de lengua, el segundo recreo, CMC, y finalmente dibujo técnico. Yo iba apuntando en la mesa, en mi mano, en cualquier lado cada vez que el mono de mirar el reloj me invadía, y así poco a poco, un tras otro, llegué a apuntar 17 veces nada más y nada menos.
Al principio hasta me asusté un poco al comprobar mis resultados, comprobé que estaba muy muy enganchada a la hora, como si fuese una droga. . . totalmente esclava de ella, por lo que dejé de someterme a la prueba, ya que me pareció suficiente lo que había experiementado esa mañana.

Y bueno, que más contaros, la sensación que tienes es de duda continua, no sabes cuanto tiempo queda para lo próximo que tienes que hacer, el tiempo que llevas haciendo algo. . . Cuando no tienes reloj, el transcurso del tiempo es totalmente subjetivo, lo que te gusta pasa rápido, lo que no, es eterno.
Muchos pensarán que soy una exagerada que ellos no miran tanto la hora, yo tampoco lo sabía, pensé que miraba la hora de manera normal no una media de casi cuatro veces por hora. . . Para comprobarlo, solo os propongo que estéis un día entero sin saber nada de la hora, y lo peor: que tengáis planes con una hora marcada pero no sepáis la hora que es. . . Eso es lo que más agobia, porque no es culpa nuestra ser esclavos de ella, es que TODO en este mundo está dictado por ella. . . Y eso nos conlleva a volvernos adictos. Así que ya sabéis, no nos dejan ser libres sin hora, nos lo proponen de forma de vida y lo tenemos que aceptar.

Así que mientras mi muñeca está vestida con su bello reloj perfectamente colocado y ajustado, yo observo la hora 18:14 de un domingo 24 de Febrero de 2013, mientras mis dedos acompasados acaban de escribir esta historia.